Pires & Grigoryan, por Marta San Vicente Feduchi

 

El primer concierto de la temporada 2018/19 de La Filarmónica nos ha traído al Auditorio Nacional a dos grandes pianistas como son la portuguesa Maria João Pires y la armenia Lilit Grigoryan, quienes interpretaron anoche distintas sonatas a cuatro manos y en solitario pertenecientes a todas las etapas de W. A. Mozart. La diferencia de edad entre ambas pianistas, nada menos que 41 años, ya es más de lo que vivió el prodigio austriaco, y el dato no tendría mayor importancia si no fuera porque la propia Pires lleva décadas promocionando la carrera de jóvenes músicos como Grigoryan, además de sus proyectos educativos en el Belgais Centre. La delicadeza y aplomo de una, sumado a la energía y precisión de la otra, han hecho de este concierto algo extraordinario.
 
No es difícil imaginarse a un Wolfgang Amadeus y a su hermana Maria Anna “Nannerl” (con nueve y catorce años respectivamente) tocando con destreza la que podría considerarse una de las primeras sonatas compuestas para piano a cuatro manos, la K. 19d. Interpretar una obra a cuatro manos puede ser sinónimo de cercanía, complicidad, conexión emocional... Según explicaba Marta Espinós en el fantástico texto del programa de mano, en la época de Mozart tocar el piano “subía puntos en la escala femenina de elegibilidad matrimonial” (a no ser que la mujer fuera toda una profesional, como Nannerl) y subía más aún al compartir teclado con un posible candidato.
 
Sin embargo, lo que se ha percibido en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional ha sido una auténtica relación de fraternidad entre Pires y Grigoryan, similar a la de los Mozart: sus manos saltaban y se entrelazaban como si fueran parte de un mismo cuerpo, a la vez que sus codos se esquivaban y ambos torsos se acompasaban unas veces, y se contradecían otras. Mirar fijamente el movimiento de sus espaldas era como ver una danza. Me quedo con esa imagen, acompañada de la Fuga para cuatro manos que tan fervientemente le pidió Constanze a Wolfgang, el Allegretto grazioso de la Sonata K. 333 interpretado por Pires en solitario, o el Adagio de la K. 576 que ha bordado Grigoryan por su parte.

 

Marta San Vicente Feduchi, abonada joven